Vida en las ruinas
—No hay mayor aventurero que el propio mundo.
El mundo ha vivido incontables batallas, ha sido testigo de momentos inolvidables que, en ocasiones, solo él conoce. Por supuesto, el paso del tiempo puede afectarlo: las tormentas derriban sus árboles, el mar inunda la tierra, las personas construyen sus ciudades... pero él sigue ahí, interminable.
Todo en él deja huellas de momentos pasados. Cuando me pierdo en los bosques más profundos todavía encuentro restos de civilizaciones desaparecidas, grandes arcos y columnas de piedra gravemente e irreparablemente dañados que, en otros tiempos mejores, fueron símbolo de un gran poder y que hoy están invadidos por enredaderas y musgo.
Cascadas solitarias siguen dejando caer el agua como lágrimas inconsolables que nunca cesan, bajo la luz del sol y a merced de la luna, cada día, cada noche.
Incluso en medio de la oscuridad, las estrellas permanecen en el cielo, y la tierra crea caminos para quienes están perdidos o, en cambio, les permite descansar sus cuerpos. Tumbarse, ser uno con la naturaleza, mirar hacia arriba, disfrutar del momento. Y las golondrinas oscuras volverán, los cerezos florecerán, llegará la brisa de esos días en los que tú y yo nos encontraremos en nuestra primavera.
Como la vida entre las ruinas, nuestros sentimientos perdurarán para siempre a través del tiempo.
