Adiós Primavera
Este año quise pasar la Primavera fuera, viajando en busca de un pequeño retiro espiritual lleno de descanso y memorias que traen esa paz que mi alma necesita. No es un retiro carcomido por la melancolía, es una escapada que necesito a veces para reencontrarme con mi esencia, esa tranquilidad que no encuentro en la ciudad, una felicidad allá donde la naturaleza crece sin límite.
Abro aquí mi diario con notas de los lugares que volví a ver durante los meses de esta primavera que pronto acabará. 🍃
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🌿| MARZO | Crioville - Calpheon
Siempre me gusta regresar al bosque de Longifolia, ese bosque al sur de Calpheon entre las montañas de Kalis y la frontera con Kamasylvia donde viví durante un par de décadas. Un lugar lleno de altos pinos y cedros que parecen llegar hasta el cielo, grandes cíclopes y jabalíes rojos… Conseguí ver a mi viejo amigo Trueno, el lobo negro. No se deja ver mucho, pero vi que estaba más sano que nunca y lleno de energías.
Y entre los cazadores de Behr y los leñadores de Trent, está Villacrío, una pequeña aldea de nutrias construida en el lago Crío, de ahí hereda su nombre. A pesar de lo hostiles que son con las personas que se acercan, puesto que han vivido tantas rencillas y malas experiencias con ellas, me gané su confianza hace tiempo y me reconocieron cuando aparecí. Algunas flores silvestres habían conseguido crecer, las cuales aprecié a la orilla del lago mientras acariciaba y cuidaba de algunas crías que me dejaron a cargo ¡No querían por nada del mundo soltar su preciada concha como si de un valioso tesoro se tratase!
🌸| ABRIL | Rumbling Land — Mediah
Las ganelle del Templo del Kamarbor me invitaron a una fiesta por la llegada de los cerezos en flor. Es similar al beotkkot que se celebra en the Land Of the Morning Light, solo que en vez de un pequeño picnic, era una fiesta al aire libre lleno de música y danza donde las hadas nos ayudaron a llevar los sabrosos aperitivos, en honor a la herencia que nos dejó la diosa Sylvia en este mundo. Servimos copas de vino y contemplamos cómo la luz del retoño del Kamarbor bañaba la atmósfera llena de pétalos rosados cayendo hasta el cálido césped de la región.
Donde quiera que estés, oh Madre, espero que algún día encuentres esa paz que este mundo no pudimos darte.
🌷| MAYO | Serendia Shrine — Serendia
No podía dejar pasar esta oportunidad. Llevo una floristería en Heidel y quise aprovechar la época de tulipanes para cabalgar hasta el santuario de Serendia. Era como si la naturaleza neutralizase la oscuridad que el interior de esas paredes de piedra alberga, manifestándose entre vivos colores. El rosa, el rojo y el amarillo crecían entre las ruinas de un pasado remoto que parecían abrazar y aceptar como parte de su historia, un encuentro donde el bien y el mal convergen por unos días. Tomé con cuidado algunas de esas flores con la esperanza de que algún día encontrarán algún dulce hogar donde las aprecien y las hagan sonreír, así como estas brindan un poco de vida a una humilde casa serendina, al jardín de una noble residencia, o a una habitación de un majestuoso castillo.
Diana, mi amiga Arduanatt, tampoco quiso desaprovechar la oportunidad para zamparse un par de flores durante este viaje.
🌲| JUNIO | Longleaf Tree Sentry Post — Calpheon
Entonces regresé al bosque de Longifolia para quedarme unos días en mi antigua cabaña en el gran árbol que sostenía el Puesto de avanzada que dirigen las elfas desde hace ya unos años para proteger a las nutrias de Villacrío y demás animales del bosque. Fueron días donde el calor ya aumentaba, pero este se entremezcló con la humedad de unos días de tormenta que dejaba la madera con ese olor tan característico a lluvia y el agua resbalaba en cada hoja que veía cuando subía por las escaleras que rodean el tronco.
Era un buen momento para dormir en la cabaña y así recuperar horas de sueño, para recogerse y leer ese libro que tenía ganas de disfrutar, para escribir en el diario algunos poemas sin rima, plasmar ideas a futuro, dedicar una bonita carta a esa persona tan especial.
Y así, a la hora de la puesta de sol, salí a encender el fuego de las antorchas y hogueras y subí a lo alto del puesto. Me encontré con los arcos y las fechas de las elfas que un día yo también utilicé con tal de preservar el mío que siempre va conmigo ahora. Una última mirada de reojo y tomé, sin embargo, una vieja guitarra. Me senté. Toqué algunos acordes recordando la sensación de mis dedos deslizarse entre la madera y las cuerdas.
Probé a improvisar esta melodía. La melodía del final de la Primavera.