Modern AU2026ES

No sé qué título escribiros. Aaaa, ¡hola!

El día comenzó cuando escuché la única nota musical que odio: el despertador.

Aaaaa, vale, no es una nota musical, es ruido, pero ya me habéis entendido. Perdón.

Entreabrí los ojos mirando al techo lamentando haberme quedado hasta tarde terminando el videojuego al que le estuve dando esta semana. Al menos quedó bonita la guirnalda de luces que colgué para que no se notasen mucho las humedades y las grietas de esas paredes tan grises, además gasto menos en luz si las enciendo prescindiendo de lámparas y quedan guay. Y las LED son más sostenibles.

Vivo en uno de los pisos de alquiler más baratos de la ciudad ¿Sabéis el apartamento en el que vive Spiderman? Pues... aunque suene triste, sí, es algo así; con sus 30 metros cuadrados y el casero viviendo al lado, exigiendo el pago de la renta el primer día de cada mes sin que se me pase por la cabeza retrasarme una sola vez. Por el sueldo que tengo, es lo que hay... No os preocupéis, ¡no voy mal de dinero! Bueno, nunca sobra y menos hoy en día, eso está claro. Pero me las apaño. Tengo poco espacio que barrer y en verdad lo más interesante que hago bajo techo es jugar a juegos, no necesito más. B-bueno, los ratos en la cama también son importantes, pero... eso.

Me levanté dirigiéndome al baño a paso zombie acallando un bostezo con la diestra. En cuanto me planté frente al espejo me vi. Ay... qué ojeras... Aún había días en los que se hacían notar más que cuando estudiaba. Dejé de clavarme la mirada en mis propios ojos azules agachando la cabeza. Me fui a echar agua, no sin antes retirar el pelo hacia atrás. Aún así volvió a caer hacia delante tapándome medio rostro. Tampoco importó mucho. Decidí darme la ducha antes de desayunar. Puede que tuviera muchas ganas de probar el gel de aguacate que había pillado el día anterior, y desde luego notar el agua caer sobre mí me espabilaría.

Ese día tenía que darme prisa desayunando para salir cuanto antes. Me tocaba turno de mañana en el bar de bowls donde trabajo. Es lo más estable que he conseguido y aunque no sea de lo mejor, no estaba nada mal. Bowls con mucho aguacate, zumos y batidos, y un local decorado como si fuese un bosque con un montón de plantas, como la casa de Bilbo Bolsón en el Bosque Kokiri del Ocarina Of Time, como la sala común de Hufflepuff en medio del bosque de Kamasylvia de Black Desert ... Perdón, soy un friki. Mientras no me pidan hacer el arroz, todo irá genial... Aaaa siempre me queda pasado, incluso lo quemo en cuanto me despisto de más.

Al salir de la ducha me sequé un poco, me até la toalla bajo la cintura y me hice un moño. En el apartamento no suelo llevar la ropa puesta, así que no esperé para ir haciendo el desayuno. Calenté un vaso de leche semi y preparé unas tostadas de queso de cabra untado con rodajas de aguacate y semillas de sésamo por encima. Mis favoritas.

Desayuné encendiendo el móvil para escuchar música, folk metal, para variar. En ocasiones miraba la hora para calcular tiempos y leía los whatsapps. Cuando acabé por fin me vestí para salir. Me puse unos pantalones ligeros, una camiseta negra, un abrigo verde militar, y me calcé unas botas de montaña. Era lo mejor si me quería acercar a la reserva luego del trabajo. Pillé el abrigo, me colgué la mochila al hombro y me puse los cascos sonando la playlist de "Rock internacional hasta los 2000". Nada más abrir la puerta con toda la intención de salir, miré al frente congelándome al percatarme de que se me estaba olvidando la guitarra. Me di la vuelta rápidamente y la rescaté del cuarto con su funda.

Eché la llave, bajé las escaleras y salí a la calle cuando aún estaba amaneciendo. La ciudad aún estaba despertándose, los primeros comercios abriendo y los edificios bañándose en los tonos anaranjados de los primeros rayos de sol. Caminé hacia la zona de las bicis y pillé la mía. Manos a las manillas y pies en los pedales me dirigí hacia el Bowl Bar mientras el sol iba poco a poco iluminando mi tono rubio, haciendo que se viese más dorado. Qué vergüenza me da cuando cambia tanto de color según la luz... pero qué reconfortante se siente ese calor mañanero.


Lo primero que hice al llegar fue subir a la oficina al lado del local para pillar las llaves y poder abrir. Me cambié al uniforme, me recogí el pelo para acomodarme bien la gorra... y un día más me sentí agradecido de que a la jefa no le importase que lleve el nostril de la nariz y el industrial de la oreja. Seguí preparando las cosas: encender las pantallas del mostrador, hecho; enchufar la cafetera, hecho; comprobar que los toppings para los bowls están en perfecto estado, hecho... todo listo una vez empezase a venir clientela. Era un viernes así que estaba seguro de que vendría bastante gente, aunque quizá los del turno de tarde lo notarían más. Mientras andaba contando la caja, vino la compañera de turno.

—¡Hola, Eru! ¡Siento llegar tarde!

—Aaaa, ¡no te preocupes! Ya está todo listo. Puedes cambiarte sin problemas.

La dediqué una sonrisa y ella me palmeó la espalda con una risa grave y animada, subiendo sus pómulos salpicados por pecas. No me importa cuando se retrasa y me toca abrir todo a mí, luego sé que me ayuda mucho y se queda preparando el arroz ella. He de decir... que Lennyre es mucho más alta y grande que yo. La mano de la pelirroja de ojos verdes se sintió como una apisonadora. Una apisonadora maja, eso sin duda. Llevaba más tiempo trabajando en el bar que yo y la jefa solía ponernos juntos en los turnos por el mero hecho de que da la casualidad de que los dos somos noruegos. Y según ella entre noruegos nos entendemos, a fin de cuentas Lennyre me podía ayudar cuando me bloqueaba con el idioma. Ella vive en la ciudad desde pequeña (aaaa "pequeña" bueno... menos giganta que ahora), y yo llegué hace un par de años y se me sigue notando bastante el acento.

Bueno, estudiar en general no es que sea mi fuerte. Lo intento compensar trabajando duro todo lo que puedo y es algo que no me disgusta. Con ayudar a alguien es suficiente motivación.

En mis tiempos de "sacar 4,9s" estudiaba en el instituto de Kristiansand, la ciudad donde vivía con mis padres y mi hermana pequeña Luth. Por si no conocéis Noruega, Kristiansand es la capital de Adger, el condado que está al sur del país que hasta hace poco en 2020 estaba divida entre Vest-Agder y Aust-Agder. Ya sabéis cómo son las historias de los vikingos, uniéndose y desuniéndose según la época... Aaaaa no, no me siento un vikingo, no me gusta saquear ni violentarme con la gente. Puede que en la región de Sørlandet vivieran muchos reyes de los pueblos nórdicos, tiene el clima más suave de Noruega en comparación con las demás, pero también era una región muy importante por ser todo un centro de culto, donde se hacían muchos de los rituales y prácticas culturales. Así que es la clara demostración de que allí en el norte tenemos una bonita primavera bendecida por Freyja y Freyr.

Volviendo al tema de los estudios, cuando acabé la secundaria, no me encontraba animado para estudiar un bachillerato y una carrera. Me sentía inseguro. No sabía qué hacer con mi vida y ninguna opción me convencía. Fue bastante agobiante... Cuando no soporté más a Padre y su titulitis, me fui de casa. Viajé a Oslo y más tarde a distintos lugares de Europa, trabajando temporalmente de lo que me echaban encima. Me las fui apañando con el inglés y el francés, y... aquí estoy, en esta ciudad intentando no parecer el guiri de turno. Y al final lo fui consiguiendo. Me asenté porque conocí a gente guay. Incluso Luth se vino aquí a vivir para estudiar Ciencias Naturales por el día y cantar por las noches.

Hay algo que sí me acompañó siempre: la música. Mi guitarra viajó conmigo a todos esos lugares que desconocía. Nunca me separé de ella y siempre fue una de mis prioridades en gastos para mantenerla o arreglarla... La guitarra va antes que tener un buen apartamento. Mi madre se dedica a la música trabajando en una discográfica, así que tanto a Luth como a mí nos picó la curiosidad de meternos en este mundillo. Ella consiguió crear una girlband aquí. En cuanto a mí... es casi un hobby porque tengo (un poco de) miedo escénico, pero alguna vez Luth me llama para ser su telonero cuando su banda tiene un concierto en alguna sala pequeña de música alternativa. Aún me sigo haciendo a eso... pero mi costumbre es tocar cuando subo al cerro en medio de la nada, sin gente alrededor, rodeado de la naturaleza con vistas a la ciudad desde arriba. Desde luego que en el piso no, porque molestaría a los vecinos...

Lennyre terminó de ponerse su gorra y cogió las llaves para terminar de subir la verja y poner el cartel de "Open".

—¡Espero que esta vez no te quedases hasta muy tarde, "elfojeras"! ¡Que es viernes, se viene una mañana intensa y no podemos permitirnos babear encima del guacamole!


Entonces la gente comenzó a llegar y durante la primera hora me recordé a mí mismo varias veces no echarme sobre el guacamole. N-no es algo que suela hacer... de verdad. Por supuesto durante esa mañana fueron viniendo esos clientes que ya casi podía decir que muchos eran conocidos. Siempre acaban apareciendo y algunos incluso hacen amena la jornada laboral dando una conversación maja sobre cosillas que les apetece contar. Siempre se habla de que los que trabajamos de cara al público tenemos que estar de buen humor, recibiéndoles siempre con una sonrisa; pero lo cierto es que cuando alguien ya de por sí me pide su batido de fresa con una alegre sonrisa y me pregunta qué tal voy, hace que mi sonrisa se ensanche más casi sin darme cuenta, sin necesidad de autoconvencerme de que tengo que verme guay sí o sí.

Precisamente atendí a una asiática de mechas rojizas que tocaba en el grupo de mi hermana, siempre era muy agradable conmigo, y aprendí mucho sobre su cultura y le cogí el gusto al manga y al anime gracias a ella. También le serví un chocolate y unos bollitos de vainilla a una estudiante de medicina rubia que llevaba unas grandes gafas redondas, esbozando una sonrisa dulce. Seguido de ella apareció ese tío tan enorme, moreno y con cresta, que una vez más regresaba del gimnasio y me pidió un bowl para llevar. Si me hubiera pedido un abrazo creo que también se lo hubiera dado. Justo después de que el moreno se fuera, apareció una chica muy alta con el pelo teñido de azul que, en cuanto se puso frente a mí, se bajó sus glamurosas gafas de sol, apreciándose sus dos zafiros por ojos:

—¿Tienes mi helado... Erucito?

—¡Aaaaa! ¡Sí! —Aunque sonase a que estábamos traficando mafiosamente con algo dicho así... me dirigí a la nevera. Cogí un bote de un kilo de helado conocido como "el blanquiazulado" con ambas manos. Me las estaba congelando hasta que lo posé sobre la barra. —Aquí lo tienes. Aaaaa, pero no soy Erucito.

La de la coleta azul rió pija, pagando y cogiendo el helado como si fuese inmune al frío.

—Gracias, Erucito.

Unas horas después dejando el mostrador unos momentos para limpiar mesas, regresé y atendí a una chica morena de pelo verde. Quizá con ese cuaderno de dibujo que llevaba bajo el brazo podría ser una estudiante de artes. No la conocía pero cuando me pedía las cosas siempre me miraba muy... intensamente. Esas cosas las suelo notar rápido. Te parecerá mentira trabajando de lo que trabajo pero no me considero el tipo más sociable del mundo precisamente. Cuando hay una situación social que no me espero, sudo un poco de más y mis mejillas se acaban enrojeciendo solas. Teniendo la piel blanca es inevitable que algo así se aprecie desde fuera más de lo habitual... y-y no es que sea tímido, es solo que...

—¿Q-qué querías tomar hoy? —Tartamudeo. Balbuceo. En ocasiones me bloqueo... Pero al menos era capaz de sonreír un poquito. No lo forzaba en absoluto, simplemente esa chica seguro que era muy maja pero ninguno éramos capaces de hablar más allá de lo que ella quería comer.

—¡Batido... de cookies!

—Aaa ee ¡Marchando!

Ella bajó la cabeza rápidamente para ofrecer las monedas y le di a cambio el ticket para esperar al otro lado del mostrador. Fue entonces cuando mi sonrisa se tensó al oír la puerta de entrada abrirse una vez más y reconocí al chico que estaba entrando.

Un dependiente de un Bowl Bar siempre tiene que estar preparado e imaginarse lo que puede ocurrir en su jornada laboral antes de llevarse la sorpresa, pero ¿cómo iba a poder imaginarme que después de tantos años vería a un chico por el que estuve tontísimo?

El de pelo castaño y ojos verdes se llamaba... ¿Trystan? ¿Tristán? Aaaa siempre tuve dudas de cómo se pronuncia. Es de España y se vino de Erasmus a estudiar Magisterio en la universidad. Nos conocimos una noche en las fiestas de la ciudad y... ay.

Os voy a reconocer algo: me gusta el alcohol. Soy de los que suele beberse alguna que otra cerveza a la semana. Si tenemos en cuenta que ese día de fiesta me pasé con los cubatas, habían mandado a una banda de rock y no ponían el típico reguetton, era de noche y en esa época recién llegué a la ciudad y estaba subiéndome por las paredes... pues la conversación entre él y yo pasó de ser la cosa más normalita a la más desenfrenada. No era mucho más mayor que yo pero sí lograba superarme en altura por poco. Jugaba al baloncesto y no me extrañaba en absoluto. S-sí, también jugaba muy bien en la cama. Esa noche cargados de alcohol no nos contuvimos ninguno de los dos, me temo. Durante los días y las semanas siguientes estuvimos de lío pero... la cosa no cuajó más allá de eso. Me parecía agradable y era interesante cuando hablaba de libros, pero... llamadme cursi pero no sentía esa chispa, y lo cierto es que él tampoco... así que perdimos el contacto.

Se acercó a mí y sonreí... todo lo que pude. Creo que tenía una cara demasiado estúpida.

—Aaaaa eee ¡B-bienvenido! ¿Q-qué te pongo?

—...

Mierda, me había reconocido. Se me había quedado mirando demasiado. Tragué saliva.

—No sabía que trabajabas aquí, Eru. Cuánto tiempo —dijo sonriéndome, socorro asdfghj.

—Aaaa eee ya... Aaaaa ¡mucho tiempo! T-toy aquí... desde hace unos meses.

—Bien, bien... Ponme un solo. Gracias.

Vi que seguía siendo tan simple como desde aquel entonces. Le pasé el pedido y se sentó en una mesa al lado de la ventana, bebiendo el café mientras leía un libro. Uff...

—Eru, estás sudando —apareció Lennyre riendo desde atrás. —Venga, que ya salimos pronto ¿Puedes sacar la basura? Así te das un descanso de cinco minutos.

—Aaaa ¡Guay! Gracias, Nyre.

—Puedes aprovechar para echarte el cigarro en la parte de atrás, eh.

—Aaaaa ¡N-no, qué va! Lo estoy dejando —contesté mirándola, pillando la bolsa enorme de basura que teníamos preparada para sacar.

Lennyre alzó las cejas y salí.


Sacar la basura a veces da pereza, pero también significa que el final del día en el trabajo estaba por llegar, y era una buena forma de distraerse y dar un paseo hasta... la puerta de atrás. En esos momentos se lo agradecí mucho a Lennyre. Abrí la puerta que daba al patio de edificios donde estaban todos los cubos de basura. Paseé la mirada y pegué un brinco en el sitio.

Me di un susto al percatarme de que había alguien en el patio. Y no era un vecino, de hecho pillé al tipo muy cerca del contenedor de basura. Era un chaval joven y puede que ni si quiera cumpliera los 20 años, moreno de ojos claros (¿Mi vista me fallaba o eran amarillos?), de cabello largo recogido por una coleta. Vestía con ropa de segunda o tercera mano quizá... pero aaaa molaba; el abrigo y los pantalones anchos hasta debajo de las rodillas seguidos por unos calcetines altos era muy rollo hiphopero. Me dediqué a observarle, algo bloqueado, mientras él me devolvía la mirada con cara de circunstancias. Al parecer le interrumpí en cuanto oyó que abría la puerta.

—...

—...

—¡Ya me voy! —habló él primero. Alzó la mano y quiso esbozar una sonrisa despreocupada, mostrándomela antes de girarse.

El sonido de unas tripas resonar me sacó del shock. Lo normal era haberme quedado callado dejándole marchar, a fin de cuentas aquel chico podía ser cualquier persona, pero pude hablar.

—Aaa... ¿Necesitas algo?

—¡Oh, no! ¡Qué va! ¡Estoy bien!

—Si me das un momento, puedo conseguirte algo —insistí apretando los labios cuando escuché de nuevo su estómago revolverse.

—Eer... ¡Gracias! Pero...

Dejé la bolsa de basura a un lado del suelo y volví a entrar en el bar. Caminé a la cocina para abrir la nevera y sacar un tupperware con rodajas de aguacate ya cortadas. Me pareció lo mejor para saciar el hambre, independientemente de que sea mi fruta favorita; sin embargo, cuando regresé al patio trasero, el moreno ya no estaba. Bajé las cejas con cierta lástima, sujetando el tupper con ambas manos. Tomé la bolsa de basura y por fin la metí en el cubo que correspondía antes de volver adentro y devolver el aguacate.

Pasó una hora y llegó el esperado momento de salir del trabajo. Los compañeros del siguiente turno ya habían venido y, tras despedirme deseándoles lo mejor para esa tarde, me puse el gorro para el frío que iba a hacer en el cerro y salí bebiéndome un zumo de naranja antes de subir a la bici.

Durante ese camino también escuchaba música. Estaba atento a todas las señales yendo por la ciudad con la bici, y a medida que iba saliendo del centro, la cantidad de coches y peatones era mucho menor. El sonido de los motores poco a poco desaparecía a cambio del sonido de la naturaleza y el de la tierra por la que pasaban mis ruedas.

Al final de la senda arriba se encuentra la protectora de animales, justo al lado de la arboleda. Hay de todo, desde perros y gatos hasta incluso caballos o patos, todos son muy agradecidos y cariñosos. Nada más aparecí por la puerta, los que están libres se acercaron hasta mí con ganas de... ¿mimos y juegos? En resumen es casi lo que hago como voluntario en ese sitio, aparte de darles de comer y hacer informes si les veo pochos. Podía estar horas allí, encantado de compartir mi tiempo con todos ellos. La jefa que lleva el centro mencionaba alguna vez de contratarme en un futuro, si tuvieran algo más de presupuesto, claro... por el momento era complicado y lo entendía. Priorizaban darles a los animales todo lo necesario y eso implica siempre muchos gastos, pero merece la pena, viven prácticamente en libertad y con mucho cariño.

Era el momento del atardecer y me dejaron libre por ese día. Me eché un poco de perfume de hierbas para no oler mucho a ganso y puse un mensaje en el Whatsapp. Cogí mis cosas y caminé tranquilo por el cerro. Cerré los ojos escuchando el sonido de los árboles, los susurros del viento, los pájaros ululando... Me senté en una piedra mirando hacia la ciudad. Abrí el estuche de mi guitarra y la tomé, afinando y practicando unos pequeños acordes.

"Estábamos borrachos de amor, esperando un milagro.

Tratando de encontrarnos en la nieve del invierno.

Tan solos en el amor como si el mundo hubiera desaparecido.

Oh, no me callaré y no lo dejaré ir.

Me aferraré más fuerte hasta el amanecer.

Y brillaremos tan intensamente hasta que la oscuridad suavemente se ilumine."

Aún quería seguir practicando esa cover cuando noté un aliento cerca de mi oreja. Me dio un beso en la mejilla y oí una pequeña risa. Giré la cabeza y miré hacia ella, con quien quedé y mandé un par de whatsapps durante ese día. La sonreí y nos dimos un beso en los labios que nos costó parar.

No sé si alguna vez sentisteis algo diferente al ir conociendo a alguien, que a medida que vives momentos con esa persona empiezas a entender que ese primer encuentro en el que coincidisteis cobraba sentido. Pasar de vivir la sensación de mariposas en el estómago a la de auténticas golondrinas disfrutando de cada segundo a su lado. Sin ser dependiente a esa persona, esta se convertía en fuerza dentro de ti, algo que brinda más sentido a tu vida que aaaa... no es poco. No se trata de dejar de sentirse solo, se trata de sentirse completo. Alguien por quien darías lo mejor de ti simplemente porque esa persona existe tal y como es, sin ser perfecta, pero sí lo es para ti... No sé explicarlo bien, no sé explicar lo que es estar enamorado o sentir amor hacia alguien, quizá todo esto sea todo lo que sé decir... pero algo así es como me siento con Tsu. No había sentido esto antes ni con ninguna otra persona. Es mirar a sus ojos e incluso las humedades de mi apartamento parecían desaparecer, los miedos de mi pasado en Noruega se hacían menores... y la luz del sol que se escondía en esos momentos brillaba más incluso que a media mañana.

Se sentó a mi lado y hablamos de nuestro día. Tras unos momentos jugueteando con la guitarra, la guardé de nuevo y nos quedamos abrazados hasta que el sol desapareció. Por si os lo estáis preguntado, no, no la he escrito ninguna canción... puede que algún día, si me atrevo aaa eee.